Atención Psicológica a la Salud de niños, niñas y adolescentes

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Nos hemos separado, ¿cómo tratamos a nuestro hijo?

“Ha llegado el momento, hemos tomado la decisión, ¿por dónde empezamos?” 

Así es como algunas parejas llegan a la ruptura final de su relación.  Pero mi objetivo de esta entrada en el Blog es insistir en la importancia de, entre otros temas, tener presente a los hijos desde el principio de un divorcio o separación.

Como ya sabemos, es un situación muy traumática que afecta a toda la familia.  Los padres tienen que superar la ruptura, volver a organizar su vida, economía, trabajo, etc., pero además deben superar el miedo de cómo todo el proceso va a afectar al desarrollo de sus hijos.

Pero hemos de superar algunos mitos: en realidad las consecuencias que pueda sufrir el niño o la niña se deben más a las discusiones y desacuerdos de los padres que se dan antes y durante la separación, y con el papel que los progenitores hacen jugar al niño más que con la propia separación.

Por ello es vital que los padres actúen de forma madura y llevar la situación de la forma más sana posible, para que no conlleve una influencia negativa en el desarrollo psicológico y social de los niños a largo plazo. No es una tarea sencilla, por eso, muchas parejas o padres de forma individual optan por recurrir a la ayuda de un profesional que les oriente sobre los pasos más adecuados, la forma en que tienen que relacionarse en adelante con su ex-pareja y les enseñe a manejar sus emociones de forma sana y controlada.
 

Reacciones en los niños tras la separación o divorcio

 
La realidad es que, se haga de una forma u otra, siempre hay consecuencias ya sea en el presente o en el futuro.  Como siempre, cada situación y niño es diferente, pero podemos mencionar las reacciones más habituales:
  • Los niños pueden manifestar reacciones de ansiedad, e incluso miedo ante el gran cambio que se sucede, durante el conflicto y tras la separación de los padres.
  • Lloran a menudo.
  • Pueden aparecer trastornos en el sueño y en la alimentación.
  • Insisten una y otra vez en el deseo de que los padres vuelvan a estar juntos y se muestran muy tristes. Con el tiempo, si los padres transmiten con claridad tanto con sus palabras como con sus actos que la vuelta a la relación no es posible, acabarán aceptando que esto no es más que una fantasía.
  • Algunos niños se acuerdan del otro progenitor cuando el que está con ellos les regaña; y desean tanto estar con el otro, que incluso pueden llegar a idealizar al progenitor ausente, pues sólo recuerda los buenos ratos pasados con éste. Pueden decir cosas hirientes al progenitor que les ha regañado, que no tienen por qué tener relación con lo que el otro progenitor haya dicho o hecho.

 Recomendaciones generales para los padres y familia

Hay tantas maneras de separarse como familias.

¿Cómo decírselo?
-      Preparar al niño unos días antes de anunciar su separación.  Debemos dar explicaciones breves y generales.
-      Recordar constantemente al niño que le queremos.  Sus padres continúan amándole y ocupándose de él.
-      Escuchar al niño.  Debemos estar atentos a los mensajes, cambio de actitudes, silencios, retraimientos o comportamientos regresivos.

¿Cómo actuar?
-      Evitar en lo posible cambio de casa, escuela y amigos. Establecer una rutina, con normas claras y coherentes.  El niño se siente seguro así.
-      Mantener lazos con abuelos, familia  cercana, sobretodo si eran importantes.
-      Animar al niño que visite la casa del otro progenitor.  Ajustar las visitas y contactos entre padres.
-      Conservar los momentos para estar solo con el niño.
-      Dejar vivir al niño su vida, no se le deben de dar demasiadas responsabilidades y evitar hacerle su confidente.
-      Evitar hablar al niño de los conflictos de los adultos, de los rencores e insatisfacciones de los padres.
-      No utilizar al niño como mensajero.
 
La ruptura es un momento duro y crítico en la vida de la persona, donde somos capaces de llegar a unos límites que no habríamos pensado.  Debemos ser responsables y conseguir que esto afecte lo menos posible a la vida del niño, no olvidándonos que una “buena” separación es incluso beneficiosa a medio-largo plazo para el desarrollo de los hijos.

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